
Ya sé que soy un poco torpe. Está bien... bastante, pero eso no justifica nada de lo que me sucede. Nada, nada en verdad de lo que no me pasa y quiero que me pase. Ya sé que tengo varios kilos de más, que mi pelo se enreda con todo y que sueño día por medio con algún sujeto desconocido a ver si me besa. A ver qué es lo que le provoco que me haga.
Una salida exquisita tuve hace un par de días. Una cita de esas que quieres guardar en el bolsillo de tu falda para que en la noche te siga regalando momentos. Una cita con perfumes y flores, con vino y besos cariñosos, de esos que sólo quieren darte la mano. Esos besos que uno agradece y quiere seguir teniendo.
Bastardo sin embargo son todos los hombres que entran a mi vida porque parece que en la sangre cretina que llevo, va también el imán a la basura. Y quizás mi sangre posee el imán más grande de todos.
Sólo basura, sólo, sólo basura.
El sujeto exquisito tenía novia de vacaciones fuera del país. ¡De mi país! Lo lloré con rabia un par de horas y listo.
El que sigue, supongo yo. El que sigue.

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